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viernes, 1 de abril de 2011


Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel, me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. Hablamos en la misma onda. Comparto sus ideas y me hace feliz poder presentar en España el llamamiento de este brillante héroe de la Resistencia francesa, posteriormente diplomático en activo en muchas misiones de interés, siempre a favor de la paz y la justicia.

¡INDIGNAOS! Un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar la guardia.

Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo?

Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. El autor de este libro recuerda cómo los primeros programas económicos de Francia después de la segunda guerra mundial incluían la nacionalización de la banca, aunque después, en épocas de bonanza, se fue rectificando. En cambio ahora, la culpabilidad del sector financiero en esta gran crisis no sólo no ha conducido a ello; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema. Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos. Como dice Hessel, “el poder del dinero nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos, y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general”

¡INDIGNAOS!, les dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia. De la indignación nació la Resistencia contra el nazismo y de la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas. Hessel reconoce que para un joven de su época indignarse y resistirse fue más claro, aunque no más fácil, porque la invasión del país por tropas fascistas es más evidente que la dictadura del entramado financiero internacional. El nazismo fue vencido por la indignación de muchos, pero el peligro totalitario en sus múltiples variantes no ha desaparecido. Ni en aspectos tan burdos como los campos de concentración (Guantánamo, Abu Gharaib), muros, vallas, ataques preventivos y “lucha contra el terrorismo” en lugares geoestratégicos, ni en otros mucho más sofisticados y tecnificados como la mal llamada globalización financiera.

¡INDIGNAOS!, repite Hessel a los jóvenes. Les recuerda los logros de la segunda mitad del siglo XX en el terreno de los derechos humanos, la implantación de la Seguridad Social, los avances del estado de bienestar, al tiempo que les señala los actuales retrocesos. Los brutales atentados del 11-S en Nueva York y las desastrosas acciones emprendidas por Estados Unidos como respuesta a los mismos, están marcando el camino inverso. Un camino que en la primera década de este siglo XXI se está recorriendo a una velocidad alarmante. De ahí la alerta de Hessel a los jóvenes. Con su grito les está diciendo: “Chicos, cuidado, hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defenderlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten”.

¡INDIGNAOS! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. “Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente”, señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad.

No siempre es fácil saber quién manda en realidad, ni cómo defendernos del atropello. Ahora no se trata de empuñar las armas contra el invasor ni de hacer descarrilar un tren. El terrorismo no es la vía adecuada contra el totalitarismo actual, más sofisticado que el de los bombarderos nazis. Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del “siempre más”, del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.

¡INDIGNAOS!, sin violencia. Hessel nos incita a la insurrección pacífica evocando figuras como Mandela o Martin Luther King. Yo añadiría el ejemplo de Gandhi, asesinado precisamente en 1948, año de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cuya redacción fue partícipe el propio Hessel. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!

Periodismo Humano

miércoles, 30 de marzo de 2011


Stéphane Hessel y José Luis Sampedro presentaron '¡Indignaos!'

Ambos nacieron en 1917, el año de la revolución rusa. Los dos vivieron un conflicto bélico en su juventud: la II Guerra Mundial en el caso de Stéphane Hessel y la Guerra Civil española en el de José Luis Sampedro. Y los dos tuvieron que sufrir una dictadura (la Francia de Vichy del mariscal Petàin y el franquismo).

Esta trayectoria vital llena de sangre vuelve a cruzarse ahora contra la indignación que ambos sienten ante el desmoronamiento de los valores políticos y éticos en el mundo occidental. Ayer, los dos nonagenarios demostraron durante la presentación del librito de Hessel que hay que seguir batallando hasta el final y plantar cara al sistema. "Lo único que quiere es que seamos productores y consumidores y no pensemos. Tenemos que luchar por la libertad de pensamiento", señaló Sampedro al inicio de la charla.

"Hay que luchar por la libertad de pensamiento", dijo Sampedro

Hessel, que en su juventud fue miembro de la resistencia francesa, se refirió al mito de Don Quijote para alabar la cultura y el carácter español de rebeldía. "Cervantes creó la imagen más poderosa de una persona luchando por el bien y ese no es otro que Don Quijote. Además, este personaje ha tenido sus herederos en personas como Jorge Semprún, con quien compartí muchos momentos en el campo de concentración de Buchenwald", manifestó.

Los dos escritores y activistas se mostraron convencidos de que hoy la verdadera amenaza procede de los agentes económicos. "En este momento, el poder es el del dinero. Y más que de los banqueros, dependemos de unos técnicos que dicen quién es solvente y quién no. Es el dinero el que pretende convertir todo en mercancía", añadió Sampedro. Con respecto al problema del terrorismo, Hessel ratificó que lo que hay que hacer es "aceptar la pluralidad de las culturas".

El derecho a la vida

A pesar de que ambos ya han pasado la barrera de los 90 años de edad, no tuvieron ningún reparo en afirmar que si hoy tuvieran 19 años, harían lo mismo que hicieron en aquel momento. "Yo siempre he sido aprendiz de mí mismo. Y con esa edad ya pensaba en eso. Porque no sólo tenemos derecho a la vida, también tenemos el deber de vivirla. Aunque hemos progresado mucho en la ciencia, el gran problema de nuestra sociedad es que no ha aprendido a vivir en paz y seguimos poniendo barreras", reconoció Sampedro.

"Se deben unir los más necesitados y los que más saben", afirmó Hessel

Hessel, que a esa edad ya combatía en la guerra europea, manifestó que lucharía por un mundo mejor: "Y eso sólo se consigue uniendo las fuerzas de los que tienen más necesidades y los que más saben", explicó. El ejemplo de dos nonagenarios que aún permanecen indignados.

P. C. | Público

domingo, 27 de marzo de 2011


De la indignación a la acción

Un libro con textos de Sampedro, Garzón, Mayor Zaragoza y Escolar, entre otros, busca concienciar y provocar una reacción frente a las medidas neoliberales impuestas como única salida a la crisis

De la indignación a la acción. Hace un mes salía a la venta en España ¡Indignaos!, un librito que se levantaba contra la indiferencia de los ciudadanos ante el retroceso de las democracias modernas, un llamamiento ante la pasividad: "La peor actitud es la indiferencia", pedía a los más jóvenes el autor del panfleto, Stéphane Hessel, de 93 años. Y como si cogiera el testigo, un nuevo libro trata ahora de dar un paso más a favor del grito de guerra, más allá de llevarse las manos a la cabeza: se trata de Reacciona, que Aguilar editará en unas semanas.

Reacciona es una obra coral, coordinada por la periodista Rosa María Artal, en la que han participado representantes de diferentes generaciones y ámbitos profesionales: José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Juan Torres López, Àngels Martínez i Castells, la propia Artal, Ignacio Escolar, Carlos Martínez Alonso, Javier López Facal, Javier Pérez de Albéniz y Lourdes Lucía. Como dice Hessel, encargado aquí de prologar el tomo, "es tiempo de democracia genuina"; "es hora de actuar".

El sistema está enfermo

Los convocados tenían un objetivo: "Dirigirnos a la sociedad en general, y a los jóvenes en particular, intentando concienciar y provocar una reacción frente a las medidas neoliberales impuestas como única salida posible a la crisis", escribe Sampedro. Arma de doble uso, Reacciona mezcla el lenguaje didáctico con uno más práctico que apela al lector y le da herramientas para enfrentarse a unas medidas que afectan a su calidad de vida. Porque "es una falacia hablar de crisis financiera únicamente. La crisis es política. La crisis es del sistema de vida occidental". Según Sampedro, "estamos viviendo en pleno ocaso del mundo en que vivieron nuestros padres", debido a "un afán de saqueo propio de las hordas bárbaras" de manos de los financieros culpables de la crisis. Como dice Artal, "el sistema en el que vivimos está gravemente enfermo". El resultado es demoledor.


Sampedro: "Es una falacia hablar de crisis financiera. La crisis es política"

El prólogo de Hessel marca de manera indirecta los tres ejes que recorren el libro. El primero sería el contexto mundial de la crisis, con especial atención a lo peculiar del caso español, la burbuja inmobiliaria, el recorte de derechos sociales y las pensiones y las penosas condiciones laborales. Un mundo donde los organismos supranacionales han sido despojados de todo valor ("Europa está en coma, como así lo demuestra su apatía ante los grandes problemas", escribe Sampedro). Donde las naciones han dejado el camino libre a una economía que no es productiva sino que hace de la especulación su principal actividad y que promueve el tráfico de toda índole (drogas, armas, patentes, personas). Donde se siguen sin erradicar, tal y como se prometió ante la crisis, los paraísos fiscales y donde el secreto bancario sigue blindado. Donde los valores democráticos se han sustituido por otros capitalistas.

En su texto, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla Juan Torres López se centra en las mentiras más divulgadas y efectivas sobre la crisis, lanzadas con un objetivo: "La desmovilización ciudadana ante el reforzamiento del poder de los de siempre". Mentiras como "nadie pudo prever la crisis". "Muchos economistas adelantaron lo que iba a ocurrir", escribe Torres López. Pero las autoridades "se cruzaron de brazos" porque "lo que buscaban no era servir a los intereses públicos sino a las grandes empresas".

Artal: "El sistema en el que vivimos está gravemente enfermo"

Por encima, la mentira más gorda: "Hay que salvar a los bancos". Para Torres López, los bancos han conseguido que se apliquen "medidas liberalizadoras que venían esperando conseguir desde hace años a pesar de que no tenían nada que ver con los problemas que habían originado la crisis": financiación a costa de derechos sociales, del mercado de trabajo, de las pensiones y de los servicios públicos.


Una sociedad anestesiada

Otro eje de Reacciona es el político, que pretende combatir la apatía ante la actitud de gobiernos y partidos. Se coincide en una fecha fundamental, "el gran antecedente de esta crisis": la políticas privatizadoras de Reagan y Thatcher: a partir de entonces, "los valores democráticos, los principios éticos por lo que tantos habían luchado, hasta dar su propia vida, la justicia social en primer lugar, se sustituyen por el mercado", según Federico Mayor Zaragoza, director general de la Unesco desde 1987 hasta 1999 y exministro de Educación y Ciencia.

En la privatización centra su texto Àngels Martínez i Castells, doctora en Ciencias Económicas y profesora de Política Económica de la Universidad de Barcelona: desde Carlos Solchaga, "quien inició en 1985 la oleada privatizadora" a nuestros días. "Las privatizaciones facilitaron el camino de la mundialización poniendo en pocas manos (privadas) las empresas más rentables, los recursos fundamentales para el funcionamiento del sistema, el agua, el gas, el petróleo". Para Martínez i Castells, algunas privatizaciones de empresas públicas son "un robo con desfalco que debería figurar en el Código Penal".

Baltasar Garzón se centra en la corrupción en un contexto político donde la propaganda y la manipulación de los partidos "anestesian la memoria de los ciudadanos para conseguir el olvido o, al menos, la condescendencia" ante sus actos. Garzón pide un "contrato de los políticos con los ciudadanos" para rendir cuentas de su actuación.

Garzón pide un "contrato de los políticos con los ciudadanos"

Y si Garzón pide atención para que "los jóvenes y los niños conozcan desde las escuelas los hechos históricos" ocultados en España durante 40 años y Martínez i Castells hace "un llamamiento concreto a las mujeres", el periodista y columnista de Público Ignacio Escolar se dirige a "la generación estafada": "Esta nueva gran depresión ha infectado una fractura generacional que expulsa del sistema, hacia la miseria, a esa juventud a la que pomposamente se llamó ‘la generación mejor preparada de la historia de España' y que hoy vive de sueldos mileuristas y de la caridad familiar".

Escolar refleja estadísticas y datos escandalosos: los jóvenes españoles se tendrán que jubilar a los 67 en una España con "récord absoluto de paro juvenil del mundo civilizado: un 40,06 % en enero de 2011" y un salario medio por debajo de los 16.000 euros. Ello, dice Escolar, nos puede llevar a lo que el presidente del Foro de Davos, Klaus Shwab, avisó a finales de 2010: "La situación en España podría derivar en una nueva revolución juvenil, en un nuevo mayo del 68".

Revolución y redes sociales

El tercer eje se refiere a la responsabilidad de los medios de comunicación y el papel de nuevas herramientas sociales. Para Rosa María Artal, los medios no han conseguido convertirse en "remedio" contra la crisis. Lo contrario: "Su consigna prioritaria: trivializar, fabricar productos asequibles que rentabilicen la inversión". Unos medios que se han vaciado de crítica e información y se han llenado de opiniones y de notas de prensa de los partidos políticos, que se han acostumbrado a las ruedas de prensa sin preguntas.

Como todos los integrantes de Reacciona, Artal no duda del papel de internet en este escenario: "Por primera vez en la historia, toda la humanidad puede estar -y terminará estando- comunicada". Las redes sociales tienen sus riesgos (los medios caen "en la frivolidad de convertir en noticia una conversación de Twitter") y no derrumban gobiernos por sí, pero "con un balance positivo podemos afirmar que internet sí representa ¡un inmenso peligro!: la sociedad habla entre sí, al instante si quiere. Los minoritarios poderes establecidos tiemblan y quieren cercenarlo". ¿Y Wikileaks? "Otro ejemplo que ha evidenciado también la deriva del periodismo actual, que no investiga, ni se enfrenta seriamente al poder para servir a la sociedad, como manda su misión".

Reacciona se completa con dos capítulos centrados en la ciencia, a cargo de Carlos Martínez y Javier López Facal, profesores de investigación del CSIC, y en la cultura, por el periodista Javier Pérez de Albéniz ("la destrucción de la educación pública es el problema número uno de este país, de cualquier país, por encima incluso del paro, del terrorismo, de la corrupción política").

Y se cierra con la jurista

Lourdes Lucía, para quien "vivimos una auténtica contrarrevolución social". Frente a armas de dominación masiva como el miedo, el individualismo, el fomento al desprecio a la política y la democracia ("es mejor que los ciudadanos no participen, no pregunten, no controlen") y el omnipresente dinero, apunta, dispara y acierta: "Es necesario cambiar la lógica del máximo beneficio individual [...]. La atomización del trabajo, la precariedad de las condiciones laborales nos conduce al aislamiento, al enfrentamiento y a la indiferencia [...]. Hay que recuperar la comunicación directa con los demás, vernos, hablar y actuar unidos".

Jesús Rocamora | Púbico